Obra maestra. La primera frase que nos viene a la cabeza cuando pensamos en esta serie de trece episodios, absoluta obra maestra. Ha llovido mucho desde que la pudimos descubrir, hace diez años, en el nacimiento del canal de televisión Cuatro. No suele coincidir que el trabajo más popular de un autor coincide con lo que la crítica considera la obra más virtuosa. En nuestra humilde opinión esta es una de esas ocasiones. Satoshi Kon depositó, capítulo a capítulo, todo un resumen de su filosofía y arte.

Paranoia Agent - Satoshi Kon 2004

Paranoia Agent – Satoshi Kon 2004

Primero lo primero, en esta segunda entrega tocaría hablar de Millennium Actress, una joya estrenada en el año 2001, pero he considerado que no encaja con los temas que solemos tocar en este blog. La obra de Kon es inclasificable, pero siempre bordea algún género y aquello era totalmente un drama. Uno de los mejores que he visto pero un drama al fin y al cabo. Aún recuerdo los comentarios en festivales donde se exhibió, hombres y mujeres con los ojos llenos de lágrimas por culpa de las vicisitudes de la actriz Chiyoko Fujiwara, mientras repasamos su vida asistimos a la historia del Japón contemporáneo. Una maravilla que aprovecho para recomendar a todos los lectores con un mínimo de sensibilidad.

Millennium Actress

Millennium Actress

Volvamos a Paranoia Agent, al ser una serie de televisión, el formato posibilita a Kon poder explorar temáticas y tramas secundarias con total libertad y nosotros, boquiabiertos espectadores, viajamos por los diferentes planos de realidad que nos regala, como si de un cuento desplegable se tratara.

Sagi Tsukiko es la creadora del popular personaje de animación Maromi, un perro de color rosa que ella siente como muy cercano. Un día es atacada por un chico con un bate que se desplaza con patines y una gorra le tapa la cara. Tsukiko estaba muy agobiada por la presión de sus superiores y hay quien cree que se lo ha inventado, ella entra en crisis y una investigación policial inicia su marcha. Poco a poco los ataques se va sucediendo por toda la ciudad, en circunstancias cada vez más extrañas y el elenco de personajes se va ampliando. El chico del bate no es tan solo un mcguffin, la identidad del antagonista sobrevuela toda la trama, pero el director aprovecha para narrar un conjunto de microhistorias a cada cual más interesante. Desde el periodista (capítulo segundo) hasta la del chico popular (capítulo tres). Tenemos temáticas habituales de la obra de Kon, como la de la prostituta (capítulo cuarto) que bebe tanto de sus dos primeros films como de Paprika y pura investigación formal con la fuga psicogénica al pasado del inspector Ikari en el final de la serie.

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Es importante aconsejar a los que no conozcan la obra que no hace falta romperse la cabeza intentando comprender la totalidad de la obra, hay multitud de pistas falsas y callejones sin salida pero, como pasa con la obra David Lynch el arte de Satoshi Kon hay que experimentarlo.

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Una vez más encontramos una serie de constantes que se van repitiendo y perfeccionando en toda la obra de Satoshi Kon, tenemos a la joven en apuros que huye mentalmente de una realidad que le oprime. La representación de la cultura tradicional y la popular nipona, con el coleccionismo de las figuras, la idealización del pasado y esa sexualidad retorcida.

No quisiera despedirme sin hablar del habitual creador de la banda sonora de la serie, Susuma Hirasawa. Es el responsable de la mayoría de bandas sonoras de la obra de Kon, sonido electrónico inconfundible que aporta un ritmo y un color a la serie que inicia desde su clásica cabecera.

Lo dicho, una obra maestra.