Black Phone 2 (Scott Derrickson)
Black Phone 2 (Scott Derrickson)

El regreso de Scott Derrickson con Black Phone 2 no se entiende sin mirar a los titanes que marcaron el terreno del terror adolescente y sobrenatural. Como en Pesadilla en Elm Street, la secuela transforma los sueños en campos de batalla, donde la frontera entre realidad y pesadilla se deshace para dar paso a un villano casi mítico. Y al mismo tiempo, su retrato de jóvenes acosados por fuerzas más grandes que ellos, cargados de traumas familiares y visiones inquietantes, dialoga directamente con la sensibilidad ochentera que hoy recupera Stranger Things: nostalgia, poderes psíquicos y un mal que se infiltra en la vida cotidiana con rostro familiar y, aquí, enmascarado.

La secuela Black Phone 2 retoma la mitología de la primera película dirigida por Scott Derrickson y coescrita con C. Robert Cargill. Ese retorno es, de entrada, una apuesta narrativa arriesgada: ¿Cómo devolver vida a un villano cuya muerte estaba ya resuelta? Derrickson y Cargill lo resuelven expandiendo el alcance del terror más allá del simple secuestro, hacia lo pesadillesco y lo demoníaco, abrazando el horror sobrenatural con menos contención.

Uno de los rasgos más destacables de Black Phone 2 es su compromiso visual con la distorsión del sueño. Derrickson —junto al director de fotografía Pär M. Ekberg— recurre a secuencias con aspecto de película Super 8, grano prominente, colores desaturados o “off” y texturas de cinta antigua para los momentos oníricos. Esto crea una sensación de hallazgo de metraje maldito, de pesadilla registrada con cámaras caseras.

El diseño de producción no teme la nieve, los bosques helados y los paisajes estériles como territorio del horror. En lugar de buscar el horror clásico bajo tierra o en sótanos, se expande hacia lo blanco, lo congelado, lo gélido: la nieve no es refugio, es superficie engañosa. En estas secuencias el sonido se vuelve opaco, los diálogos más distantes, los gestos lentos. El contraste con momentos más “reales” sirve para tensionar la disociación entre los mundos.

Pero no es puro efecto nostálgico: hay intencionalidad. Cada giro de cámara en torno a cabinas telefónicas heladas, cada distorsión visual sobre los cuerpos notablemente mutilados o congelados, representan la idea de que el terror ha dejado huella —no solo en el espacio, sino en la memoria y el cuerpo.

TRAILER 1

Si en Black Phone hablábamos de supervivencia, secreto y redención entre niños atrapados y voces del más allá, aquí el conflicto se hace generacional, familiar y psicológico: Gwen se convierte en la protagonista, mientras Finney carga con silencios, culpas y traumas (incluso recurriendo al cannabis como anestesia).

La estructura se inclina por la yuxtaposición de visiones y realidad, insertando pasajes que funcionan casi como poemas visuales: fragmentos de sueños, llamadas telefónicas distorsionadas, conexiones entre madre e hija a través del tiempo. Lo espectacular se reserva para set-pieces que bordean lo lisérgico (cabinas heladas, escenarios sumergidos en nieve infestada de espíritus) o lo gore explícito.

Las comparaciones son inevitables, y en este caso más que injustas. Black Phone 2 dialoga claramente con Pesadilla en Elm Street, especialmente con el espíritu de Dream Warriors: los sueños se infiltran en el mundo real, los personajes pueden empoderarse dentro del sueño, y el villano —el Grabber— adquiere una presencia sobrenatural que trasciende lo meramente físico. Brian Tallerico incluso afirma que el Grabber “ha básicamente devenido Freddy Krueger”.

Pero no está solo ese linaje; también hay ecos de Stranger Things: jóvenes con poderes sensibles al más allá, campamentos de verano que ocultan secretos sobrenaturales, la reconstrucción nostálgica de lo “ocho‑ochentero” (aunque aquí la década no sea tan explícita) y la convivência entre horror y crecimiento juvenil. Ethan Hawke mismo lo ha descrito como “mitad Stranger Things, mitad Pesadilla en Elm Street”.

Black Phone 2 (Scott Derrickson)
Black Phone 2 (Scott Derrickson)

Otras referencias punzantes: el film homenajea slashers campestres (campamentos, entornos aislados), rescata recursos del horror sobrenatural clásico y remite a filmes como Curtains en su audacia visual gore.

Pero lo que distingue a Black Phone 2 es que no es una paleta de citas estéticas sin sustancia: esas influencias se integran dentro de su mitología propia y sus obsesiones con el trauma, la culpa y el vínculo familiar.

Si Black Phone sorprendió con una mezcla de horror, corazón y reminiscencias sobrenaturales, Black Phone 2 arriesga más. Y en muchos sentidos, sale ganando: no se conforma con repetir el éxito; lo expande y, según muchos críticos, lo supera. Stephen King mismo tuiteó: “It’s not as good as the first one. IT’S BETTER.

Puede que algunos la vean como una secuela ambiciosa y desbordada; otros la considerarán un nuevo estándar para este universo. Lo cierto es que en Black Phone 2 el teléfono vuelve a sonar —esta vez bajo la nieve, entre sueños y carne rota—, y no para colgar. Así que prepárate: el terror llama de nuevo, y esta vez lo hace con frío.

Black Phone 2 (Scott Derrickson)
Black Phone 2 (Scott Derrickson)

SINOPSIS

Black Phone 2 Se sitúa cuatro años después de los eventos originales: Finney (Mason Thames) ha crecido —ahora tiene 17 años— y su hermana Gwen (Madeleine McGraw) comienza a sufrir visiones perturbadoras ligadas a un misterioso teléfono negro y a un campamento de invierno llamado Alpine Lake. Aunque el Grabber (Ethan Hawke) había sido aparentemente derrotado, ahora reaparece en formas sobrenaturales, cruzando los límites entre el mundo onírico y el real.

TRAILER 2