La Quema (The Burning 1981 - Tony Mayland)
La Quema (The Burning 1981 – Tony Mayland)

En la jungla de slashers que inundó los cines a principios de los 80, La Quema (The Burning 1981) de Tony Mayland ocupa un lugar especial. No tuvo el impacto comercial de Viernes 13 ni la sofisticación malsana de Halloween, pero precisamente por eso se ha convertido con el tiempo en una de las películas más queridas por los fans del terror de videoclub. Estrenada en 1981 y dirigida por Tony Maylam, la película mezclaba campamentos de verano, adolescentes hormonados y un asesino desfigurado armado con unas enormes tijeras de podar, construyendo un relato que parecía salido directamente de una pesadilla transmitida entre fogatas.

Y, en realidad, algo de eso había.

El guion, escrito por Bob Weinstein (ese ser indeseable) y Peter Lawrence, estaba inspirado parcialmente en la leyenda urbana de Cropsey, una historia popular en Nueva York sobre un asesino que acechaba niños en zonas boscosas de Staten Island. Años después, el mito sería explorado en el documental Cropsey (2009), pero The Burning ya había transformado esa figura en un icono slasher mucho antes. La ironía histórica es que el proyecto comenzó a desarrollarse antes del estreno de Viernes 13, aunque acabó llegando a los cines después del enorme éxito de la película de Sean S. Cunningham, lo que provocó que muchos críticos la vieran como una simple explotación de la moda campestre del momento.

Pero reducir The Burning a una copia sería tremendamente injusto.

La película tiene una personalidad propia bastante más turbia y agresiva que muchos slashers contemporáneos. Tony Maylam, que venía del mundo de la publicidad y el documental, imprime un tono extraño y casi enfermizo a varias secuencias, especialmente en las escenas nocturnas alrededor del campamento Blackfoot. El asesino, Cropsy, no es una figura sobrenatural al estilo Jason Voorhees o Michael Myers; es más bien un monstruo humano consumido por el resentimiento y las quemaduras, una criatura trágica cuya presencia resulta incómoda incluso cuando la película abraza sin complejos el exploitation más salvaje.

Claro que si The Burning sigue viva en la memoria colectiva del fandom es gracias a Tom Savini.

El legendario artista de maquillaje y efectos especiales rechazó trabajar en Viernes 13: Segunda parte para participar aquí, y el resultado fue una auténtica demostración de brutalidad artesanal. La secuencia de la balsa continúa siendo una de las escenas más celebradas del slasher ochentero: rápida, caótica y sorprendentemente gráfica para la época. Savini utilizó prótesis mecánicas, sangre falsa a presión y complejos efectos de corte para lograr una masacre que todavía hoy mantiene intacta su capacidad para incomodar. Es puro terror físico, sin CGI, sin filtros y sin intención de suavizar el golpe.

THE BURNING – ESCENA DE LA BALSA

Esa fisicidad conecta perfectamente con otro de los elementos más curiosos de la película: su banda sonora.

Mientras muchos slashers de la época apostaban por composiciones orquestales minimalistas o simples sintetizadores baratos, The Burning contó con Rick Wakeman, teclista de Yes y una de las figuras más reconocibles del rock progresivo británico. Su música combina sintetizadores inquietantes con pasajes melancólicos y atmosféricos que aportan una dimensión extraña al conjunto. Hay momentos donde la película parece debatirse entre el slasher puro y una especie de cuento gótico enfermizo perdido en los bosques del estado de Nueva York.

THE BURNING – BANDA SONORA

También resulta fascinante revisitarla hoy por su reparto. Entre los jóvenes campistas aparecen futuros rostros conocidos como Jason Alexander —años antes de convertirse en George Costanza en Seinfeld—, Holly Hunter en uno de sus primeros papeles cinematográficos y Fisher Stevens. Verlos atrapados en medio de un festival gore campestre tiene algo profundamente maravilloso, como encontrar una cinta VHS maldita perdida en una estantería polvorienta.

La producción tampoco estuvo exenta de problemas. La MPAA obligó a recortar varios segundos de violencia explícita para evitar una calificación X, y durante años circularon versiones mutiladas de la película. Como ocurrió con tantos slashers de la época, el mercado doméstico y las ediciones posteriores en DVD y Blu-ray permitieron recuperar parte del material perdido y reivindicar la película como una pieza fundamental del terror de principios de los 80.

GALERÍA

Además, The Burning representa perfectamente una etapa muy concreta del slasher: aquella en la que el género todavía conservaba suciedad, peligro y sensación de underground. Antes de convertirse en una fórmula autoconsciente llena de guiños meta y asesinos convertidos en mascotas pop, estas películas aún transmitían la sensación de que nadie estaba realmente a salvo. Hay algo incómodo en The Burning, una energía casi nihilista que conecta más con el horror exploitation de los 70 que con el terror mainstream que dominaría el resto de la década.

Quizá por eso ha envejecido tan bien entre los aficionados al género. Porque detrás de sus clichés, sus adolescentes libidinosos y sus litros de sangre falsa, sigue existiendo una película hecha con hambre, mala leche y una convicción absoluta en el poder del cine de terror para perturbar al espectador.

Y porque, admitámoslo: pocas armas del slasher han sido tan simples y aterradoras como unas tijeras gigantes perdidas en mitad del bosque.

Una auténtica delicia que os recomiendo encarecidamente.

SINOPSIS

Después de que una cruel broma sale mal, Cropsy, el malogrado cuidador de un campamento, decide vengarse de quienes él considera como los responsables de las múltiples quemaduras que ha sufrido su cuerpo. ¿Podrá un pequeño grupo de campistas escapar de este demente antes de que los asesine a todos?

TRAILER

TRAILER SUBTITULADO