El pasajero nocturno (André Øvredal)
Hay directores de terror que necesitan una gran franquicia para llamar la atención. Y luego está André Øvredal, que lleva años demostrando que puede convertir una premisa sencilla en una experiencia incómoda y malsana. Lo hizo con La autopsia de Jane Doe, transformando una morgue en una pesadilla claustrofóbica, y volvió a hacerlo con El último viaje del Demeter, una revisión vampírica del relato marítimo de Drácula. Ahora cambia el barco por la carretera en El pasajero nocturno (Passenger), su nueva película de terror sobrenatural.
La premisa parece diseñada para activar todos los miedos automáticos del imaginario estadounidense. Una joven pareja que vive una aventura van life presencia un accidente mortal en mitad de la noche… y descubre demasiado tarde que algo ha subido con ellos a la furgoneta. A partir de ahí, la película entra de lleno en el territorio de las leyendas urbanas de carretera, figuras imposibles de esquivar, presencias que aparecen en retrovisores y esa idea tan clásica del horror moderno de que la carretera nunca es un espacio de libertad, sino una trampa infinita.
Estuvimos rodándola como una auténtica road movie, y fue una pasada para todos. Fue un rodaje duro porque lo hicimos casi todo por la noche, pero sentías que estabas viviendo la película en tus propias carnes
André Øvredal
Y aquí es donde Øvredal parece jugar una de sus cartas favoritas, el terror de movimiento constante. En muchos filmes de horror, el personaje puede encerrarse, esconderse o resistir en un espacio concreto. En El pasajero nocturno ocurre lo contrario, la amenaza persigue sin descanso. La huida es permanente. La carretera se convierte en un corredor de ansiedad. Una especie de It Follows sobre ruedas, pero con aroma de demonio de autopista y folklore nocturno. El propio tráiler insiste en esa sensación de desaparición estadística y miedo colectivo con una frase bastante efectiva: “130 millones de personas viajaron por carretera el año pasado. 15.400 desaparecieron”.
El proyecto, además, tiene detrás a dos nombres importantes del terror comercial contemporáneo: Walter Hamada y Gary Dauberman, productores ligados al universo The Conjuring, It y varias películas recientes de terror sobrenatural de estudio. Eso explica bastante bien el tono que parece buscar la película: horror accesible, atmosférico y muy apoyado en la tensión visual.
También resulta interesante la presencia de Christopher Young en la banda sonora. El compositor de Hellraiser, Drag Me to Hell o Sinister es una auténtica institución del género, y su participación ya coloca automáticamente la película en una tradición sonora muy concreta, cuerdas agresivas, coros inquietantes y esa capacidad para convertir cualquier plano nocturno en una amenaza religiosa.
Visualmente, todo apunta a que Øvredal seguirá explotando una estética fría y oscura muy cercana al thriller sobrenatural moderno. La fotografía corre a cargo de Federico Verardi, mientras que el rodaje se realizó en localizaciones del estado de Washington, incluyendo Seattle. Y sinceramente, pocas cosas funcionan mejor en el terror contemporáneo que carreteras húmedas, bosques infinitos y luces lejanas perdidas entre la niebla.
Otro detalle curioso es cómo El pasajero nocturno parece conectar con varias tradiciones del horror de carretera. Está el eco evidente de Jeepers Creepers, pero también el miedo ancestral de las historias sobre autoestopistas fantasma, accidentes malditos o viajeros condenados. El terror automovilístico siempre ha funcionado especialmente bien porque convierte algo cotidiano, conducir de noche, en un ritual inquietante. Y Øvredal lleva tiempo demostrando que entiende perfectamente cómo cocinar ese tipo de miedo lento y desagradable.
Te acecha y no te deja en paz hasta que te vas… o hasta que acabas muerto. Declaró el director en una entrevista a Bloody Disgusting
De momento, la película sigue rodeada de bastante misterio y aún no se conocen demasiados detalles sobre la entidad que persigue a los protagonistas. Y probablemente sea mejor así. Parte del atractivo de El pasajero nocturno está precisamente en esa sensación de amenaza desconocida que parece surgir de la oscuridad de la autopista, como si alguien hubiera mezclado una creepypasta moderna con una vieja historia de camioneros.
Lo que sí parece claro es que André Øvredal sigue empeñado en explorar espacios clásicos del horror desde perspectivas contemporáneas. Ya hizo que una morgue pareciera maldita y que un barco fuera una prisión vampírica flotante. Ahora le toca a la carretera. Y todos sabemos que las peores historias empiezan exactamente así: conduciendo de noche, con poca gasolina y viendo algo raro por el retrovisor.
Una joven pareja que viaja en furgoneta presencia un brutal accidente nocturno en una carretera desierta. Lo que parece un trágico suceso aislado se convierte en el inicio de una pesadilla: una entidad demoníaca, conocida como El Pasajero Nocturno, los ha seguido y no cejará hasta reclamarlos, transformando su viaje en una huida desesperada donde el miedo viaja con ellos
In Our Image (Karson Knudsen) Desde la fragilidad emocional de Martha Marcy May Marlene hasta… Read More
Playa sangrienta (Jeffrey Bloom) Desde tiempos inmemoriales el océano y el mar han sido generadores… Read More
Un verano de muerte - las mejores películas de terror en vacaciones El verano es… Read More
The Space Between (Joshua Garity) Hace apenas unos años, hablar de terror liminal era hacerlo… Read More
Sleepaway Camp (Robert Hiltzik) Desde que el cine ha enfermado mis neuronas, y en concreto… Read More
Posesión infernal: En llamas (Sébastien Vanicek) Hay sagas de terror que sobreviven por nostalgia. Y… Read More