The Atomic Cafe (Jayne Loader, Kevin Rafferty, Pierce Rafferty)
En el 2020 se cumplieron 75 años del lanzamiento de las bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki para, supuestamente, poner fin a la segunda guerra mundial todavía sigue presente ese horror sin sentido que generó miles de muertos, millones de vidas destrozadas y dio paso a uno de las épocas más absurdas en los Estados Unidos y en casi todo el mundo, la guerra fría, que además creo una paranoia constante en la sociedad norteamericana de los años 40 y 50. Durante estos años el gobierno norteamericano genero infinidad de documentos propagandísticos para aleccionar a la población. Y hoy, desgraciadamente, el ser humano a vuelto a demostrar que no ha aprendido nada, la guerra ha regresado a Europa. Como siempre la gente inocente esta sufriendo, muriendo y el fantasma de las armas atómicas vuelve a aparecer en nuestras vidas. Por eso es importante conocer la obra que os presento a continuación. En 1982 los hermanos Rafferty (Kevin Rafferty y Pierce Rafferty) y la periodista Jayne Loader crean el filme The Atomic Cafe (El Café Atómico), cumbre documental que demuestra la estupidez y el absurdo de una época sin sentido.
En 1977 el cineasta Kevin Rafferty, la periodista Jayne Loader y el documentalista Pierce Rafferty crean una compañía de producción llamada Archive projects Inc. Su objetivo está claro, durante más de cinco años se dedicarán a recopilar todo el material audiovisual posible relacionado con la guerra fría y la bomba atómica generado por las películas de propaganda militar, los anuncios publicitarios, los filmes educativos o los programas de televisión. Todo esto para intentar demostrar el sinsentido de los que los mandatarios norteamericanos consideran “la mejor forma para lograr la paz”.
The Atomic Cafe combina momentos de un tono serio y grave con el más estúpido de los absurdos que engendra un oscuro y punzante humor negro. El documental empieza precisamente con la terrible catástrofe nuclear de Hiroshima y Nagasaki. Dios ha bendecido a la gran América con el poder sanador de la bomba atómica y en el fondo los soldados norteamericanos solo quieren el bien del pueblo japonés. Entretanto seremos testigos del amable desalojo de los nativos del atolón Bikini.
En The Atomic Cafe también queda claro el esfuerzo de los realizadores por mostrarnos también la paranoia anticomunista de los cincuenta con la famosa Caza de Brujas que tanto daño hizo a diferentes ciudadanos y a reconocidas figuras del cine. Pero sin duda la fuerza del documental reside en el montaje que acentúa el absurdo surrealismo de una época con frases como “Si no estás demasiado cerca como para morir, una explosión atómica es una de las mejores vistas del mundo” o lo que les decían a los desorientados soldados norteamericanos cuya única protección eran unas simples gafas de sol “Si de verdad llegarais a estar tan expuestos a la radiación como para sufrir impotencia o lesiones graves, para entonces ya habríais muerto por la onda expansiva o el calor«.
El documental también funciona como denuncia sobre la tremenda campaña de desinformación que sufría el pueblo norteamericano y que se maximizaba con el uso oportunista de la publicidad de la época para manejar la opinión de todos ellos sobre la peligrosidad del tema atómico. Y mientras tanto en todo nos encontramos con impactantes e irracionales imágenes como la del niño en bicicleta enfundado en un traje anti radiación o el delirante vídeo Duck and Cover (lo puedes ver más abajo) que se distribuyó por los colegios para enseñar a los niños como reaccionar ante un posible ataque nuclear.
A destacar el aspecto musical, sus directores utilizaron diferentes canciones populares de la época que apoyan incondicionalmente las resoluciones del gobierno con respecto a la bomba atómica.
El filme sigue siendo profundamente relevante, especialmente cuando líderes mundiales esgrimen amenazas nucleares como moneda de cambio en conflictos geopolíticos. La era digital ha multiplicado las formas de propaganda, pero los principios que revela The Atomic Cafe—manipulación de la información y desensibilización ante el horror—permanecen vigentes.
En un mundo donde la desinformación puede viralizarse en segundos, este documental nos recuerda la importancia de cuestionar las narrativas oficiales y de mantener una vigilancia crítica hacia quienes ostentan el poder. Con sus imágenes impactantes y su ironía mordaz, The Atomic Cafe sigue siendo una obra imprescindible para entender la relación entre miedo, propaganda y poder.
En definitiva The Atomic Cafe no solo es un testimonio de una época, sino una advertencia para la nuestra. Su uso innovador del material de archivo y su mirada crítica sobre la cultura atómica estadounidense lo convierten en un hito del cine documental. En el contexto actual, revisitar esta obra es más que un ejercicio histórico: es una invitación a reflexionar sobre los riesgos que enfrentamos y sobre cómo, como sociedad, podemos evitar repetir los errores del pasado. Obra indispensable que nos muestra el poder del aparato propagandístico al servicio de un gobierno para someter a la población, manipularla e influenciarla sobre un tema tan importante y tan peligroso como el poder atómico, eso sí, con un descacharrante y negro sentido del humor que nos muestra la necedad sin sentido imperante en esos años.
The Atomic Cafe es una perturbadora colección de imágenes extraídas de películas de propaganda emitidas por el gobierno de los Estados Unidos en las décadas de 1940 y 1950, diseñadas para asegurar a los estadounidenses que la bomba atómica no era una amenaza para su seguridad. Sus autores querían hacer una película que pudiera alcanzar “verdaderas cimas del absurdo”.
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