Posesión infernal: En llamas (Sébastien Vanicek)
Hay sagas de terror que sobreviven por nostalgia. Y luego está Posesión Infernal (Evil Dead), que lleva más de cuarenta años reinventándose sin perder esa mezcla imposible de gore, humor negrísimo y posesiones demoniacas capaces de convertir una cocina doméstica en una carnicería infernal. Ahora le toca el turno a Evil Dead Burn —titulada en España Posesión infernal: En llamas—, la nueva entrega dirigida por Sébastien Vaniček, cineasta francés que dejó a medio fandom traumatizado con Vermin (Infested, 2023), aquella pesadilla arácnida que demostraba dos cosas, que el director sabe generar tensión física y que disfruta haciendo sufrir al espectador.
Y sinceramente, eso es exactamente lo que uno espera de una película de Evil Dead.
Lo primero que conviene aclarar es que Evil Dead Burn no será una continuación directa de Evil Dead Rise (2023), aunque sí mantiene la estructura reciente de la franquicia, historias independientes conectadas por el Necronomicón, los Deadites y esa sensación de caos absoluto que Sam Raimi convirtió en marca de la casa desde 1981. La película está escrita por el propio Vaniček junto a Florent Bernard y producida por Raimi y Rob Tapert, con Bruce Campbell y Lee Cronin implicados como productores ejecutivos.
El tráiler final, publicado por Warner Bros. a pocas semanas del estreno, termina de confirmar que Sébastien Vaniček no ha llegado a la saga para rebajar el nivel de salvajismo. El avance apuesta por una atmósfera opresiva, un montaje frenético y varias secuencias de violencia extrema que recuperan el espíritu más físico y despiadado de Posesión infernal, incluyendo algunos planos secuencia de auténtico vértigo y unos Deadites más feroces e imprevisibles que nunca. El eslogan «Dead by Dawn» vuelve a servir como guiño a los seguidores de la franquicia, mientras la campaña promocional insiste en presentar Evil Dead Burn como «el capítulo más salvaje y terrorífico hasta la fecha». Si el tráiler refleja con fidelidad el tono de la película, todo apunta a que Vaniček ha entendido perfectamente que en el universo creado por Sam Raimi nunca existe eso de demasiada sangre.
La trama, por ahora, se mueve en el terreno clásico del “reencuentro familiar condenado”: una mujer se refugia en la aislada casa de sus suegros tras la muerte de su marido, pero la reunión deriva rápidamente en una invasión Deadite. El concepto ha sido descrito oficialmente como “una reunión familiar del infierno”, algo que suena exactamente a lo que ocurriría si Hereditary fuese atropellada por una motosierra.
La elección de Vaniček resulta especialmente interesante dentro de la evolución moderna de la saga. El director francés ya había explicado que quería hacer “una película desagradable, una película que duela”. También habló de una experiencia “visceral y sensorial” destinada a dejar al público “física y emocionalmente agotado”. Y viendo lo que hizo con Vermin, cuesta pensar que sean simples frases promocionales. Allí ya demostraba una habilidad enfermiza para rodar espacios cerrados, cuerpos en tensión y estallidos de violencia muy físicos. Todo eso encaja como un guante ensangrentado dentro del universo Evil Dead.
Además, hay un detalle importante, la franquicia parece haber encontrado una fórmula perfecta para sobrevivir sin depender eternamente de Ash Williams. Durante años parecía imposible imaginar Posesión infernal sin Bruce Campbell cubierto de sangre y gritando frases absurdas mientras disparaba una escopeta recortada. Pero tanto Evil Dead (2013) como Evil Dead Rise demostraron que el universo creado por Raimi puede funcionar como una especie de antología demoníaca donde cada director aporta su propia personalidad.
Y ahí es donde Posesión infernal: En llamas puede convertirse en algo más interesante que una simple secuela. Porque Vaniček no viene del terror comercial estadounidense tradicional. Su cine ha bebido del nuevo extremismo francés (Martyrs, Al interior), algo que se nota en la crudeza visual y la falta de piedad hacia el espectado. Menos “susto de montaje” y más sensación de infección física. Si mantiene esa identidad, esta nueva entrega podría ser la más agresiva desde el remake de Fede Álvarez.
A nivel técnico, la producción también apunta maneras. El rodaje se realizó en Nueva Zelanda entre julio y octubre de 2025, con fotografía de Philip Lozano y distribución internacional de Warner y Sony. El reparto está encabezado por Souheila Yacoub, a la que muchos recordarán por Dune: Parte Dos, junto a Hunter Doohan, Luciane Buchanan y Tandi Wright.
Lo más prometedor, sin embargo, quizá sea la sensación de libertad creativa que rodea el proyecto. Raimi lleva tiempo utilizando la saga como laboratorio para nuevos cineastas del terror, algo parecido a lo que hizo Roger Corman en los setenta pero con más litros de sangre y menos presupuesto de cartón piedra. Y hasta ahora la jugada está funcionando.
Porque Posesión infernal nunca ha sido una franquicia sobre continuidad. Es una franquicia sobre supervivencia. Sobre cuerpos destruidos, casas malditas y personas normales atrapadas en noches imposibles. Y mientras siga existiendo alguien dispuesto a abrir el Necronomicón, los Deadites seguirán encontrando maneras nuevas de destrozarnos los nervios.
Si el tráiler es un indicio, Posesión infernal: En llamas no decepcionará a los fans del gore y el caos. Vanicek ha entendido que el secreto de Evil Dead no está solo en los Deadites, sino en la mezcla de humor negro, tensión psicológica y una violencia que roza lo grotesco. Sin embargo, el riesgo está en caer en el exceso, si la película se limita a ser un festival de sangre sin alma, podría perder el equilibrio que hizo grandes a las mejores entregas de la saga.
Tras la muerte de su marido, Alice (Souheila Yacoub) busca refugio en la aislada casa familiar de sus suegros. Lo que empieza como un intento de sanar heridas se transforma en una pesadilla cuando los miembros de la familia, uno a uno, se convierten en Deadites —aquellos seres poseídos por el mal del Necronomicón—.
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