
Los muñecos siempre nos han imbuido cierto temor y han servido de inspiración para varias películas dentro del horror cinematográfico y han creado un mini genero en si mismo. Desde los Muñecos Infernales de Tod Browning, pasando por uno de los mejores capítulos de la película inglesa de 1945 Al morir la noche, sin olvidar por supuesto a la celebérrima Muñeco diabólico, o cintas mas actuales como Anabelle o The Boy. Sin duda el género de “muñecos poseídos” ha dado mucho de si y se ha visto revitalizado estos últimos años, pero allá por 1982 un joven estudiante de cine, Louis La Volpe, realizó un humilde pero muy interesante cortometraje de terror titulado The Dummy, que, por esas casualidades felices del género, acabó convirtiéndose en un pequeño clásico de medianoche. Durante los años 80 circuló en canales como HBO o USA Network como relleno entre películas, y más de un espectador recuerda haberlo visto de niño y quedarse con la sensación de que el muñeco podía estar en su habitación.
The Dummy utiliza el recurso de mostrarnos un muñeco de ventrílocuo, que tantas pesadillas ha creado, y que también inspiro a nuestro querido Maestro del fantástico, Chico Ibañez Serrador, en su filme del mismo año titulado Freddy y en el que el protagonista es otro muñeco similar al del corto de Volpe.

En menos de ocho minutos, La Volpe consigue crear una atmósfera inquietante con lo mínimo: una mujer sola en su apartamento, un muñeco de ventrílocuo perteneciente a su pareja y una serie de ruidos, sombras y movimientos apenas perceptibles que desatan el pánico. No hay sustos fáciles ni gore: el terror proviene de lo doméstico, de lo cotidiano que se tuerce. El guion —sencillo pero preciso— convierte un piso normal en un espacio de acecho, donde cada mueble puede ocultar algo y cada sonido parece una amenaza.
El trabajo de La Volpe destaca también por su montaje ágil y por cómo aprovecha los espacios mínimos, consiguiendo mantener una tensión constante, sin picos gratuitos. Todo está medido: los silencios, los ruidos, las miradas. Y al final, sin revelar demasiado, deja una sensación de incomodidad que dura más de lo que debería. Es el tipo de terror que se te mete en la cabeza cuando apagas la luz.

Curiosamente el cortometraje fue estrenado en diferentes cadenas de televisión norteamericana como la HBO o Showtime en los años 80. The Dummy se reproducía en las pusas de películas de terror o durante programas de televisión especializados en horror como Night Flight o Saturday Nightmares. Está claro que supuso una influencia para películas posteriores como la mencionada Muñeco Diabólico, pero creo que su autor se inspiró en otras películas anteriores como el segmento de Al Morir la Noche, la mnombrada Freddy de Chicho o Magic de Richard Attenborough con Anthony Hopkins por partida doble, de carne y hueso y convertido en un inquietante muñeco de ventrílocuo.
The Dummy sin duda es una pieza de arqueología visual muy interesante en su calidad de pertenencia al género del terror y por establecer una punta de lanza en el subgénero de los muñecos poseídos en una época tan interesante para el horror como los años 80. Revisitarlo hoy tiene un encanto especial. Ver ese apartamento ochentero, esa textura granulada de la imagen, esa atmósfera íntima que remite al terror televisivo de medianoche, es como abrir una cápsula del tiempo.
The Dummy demuestra que el horror puede brotar de lo más cotidiano: un pasillo, una sombra, un muñeco de madera sentado en una silla. Y sobre todo, confirma algo esencial: el buen terror no necesita justificación, solo necesita observarte desde la oscuridad y sonreír.

SINOPSIS
Una mujer está atrapada en su apartamento, sola con un muñeco de ventrílocuo asesino.








