Facetape (Manny Liotta)
Facetape (Manny Liotta)

Videodrome convirtió la señal televisiva en una infección; Dias Extraños imaginó experiencias grabadas que podían consumirse como una droga, y Réquiem por un sueño mostró el precio de vivir pendiente de la siguiente dosis. Ese cruce entre imágenes, dependencia y percepción ofrece un buen punto de entrada a FaceTape (2026), el largometraje de Manny Liotta, conocido por participar como foto fija en la celebérrima pero decepcionante hype del terror como fue Obsesión de Curry Barker, es una propuesta de terror y ciencia ficción cuya premisa invita a preguntarse qué ocurre cuando la evasión necesita una pantalla.

Ahí está el atractivo conceptual del proyecto. Habitualmente, la ficción tecnológica promete una realidad artificial más seductora que la cotidiana; aquí, la propia descripción plantea una salida que tampoco ofrece seguridad. Cabe leer esa premisa como una pregunta sobre la dependencia: ¿se consume para alcanzar otra vida o para soportar la que ya se tiene? Lo analógico añade una asociación sugerente con lo tangible, lo reproducible y lo gastado. El futuro, por lo visto, también puede llegar con problemas de reproducción.

Sin duda nos encontramos ante una propuesta de atmósfera sintética, neón y espacios liminales. Liotta ejerce aquí de un autentico hombre orquesta, suyo es el guion, la dirección, el montaje, la fotografía y el diseño sonoro. Es una concentración de funciones que permite hablar de una autoría muy directa, aunque por sí sola no certifica el resultado. Lo interesante será comprobar cómo se articulan esos recursos alrededor del personaje y su dependencia.

Facetape (Manny Liotta)
Facetape (Manny Liotta)

FaceTape también puede leerse en el contexto del renovado interés por los formatos analógicos. Frente a los vídeos generados por IA, capaces de construir imágenes sin cámara ni rodaje, el grano, las interferencias y el desgaste de una cinta evocan una experiencia material: algo grabado, conservado y deteriorado con el tiempo. Esa diferencia permite una lectura sugerente de su premisa: incluso una tecnología asociada a la nostalgia puede convertirse en una vía de evasión y dependencia. La vieja cinta tampoco nos garantiza una salida de emergencia.

FaceTape se presentó en salas en un programa doble junto a Abraxas, de Charles Tyler Kinder, otra producción independiente realizada en paralelo y con parte del reparto compartido. Abraxas sigue a un joven ecologista que, bloqueado mientras prepara su tesis universitaria, comienza a recibir lo que interpreta como una inspiración divina. Esa aparente revelación deriva en una obsesión peligrosa y en la escritura de un furioso manifiesto contra la civilización tecnoindustrial. Un compañero de sesión sugerente para FaceTape, dos propuestas que permiten explorar distintas formas de perder pie ante la realidad.

Con esos materiales, FaceTape merece atención por el conflicto que propone: una imagen que se consume y una realidad que cuesta habitar. Su premisa abre una vía fértil para el terror analógico, al vincularlo con una necesidad humana concreta. Queda por valorar la película completa; de momento, la pregunta que deja sobre la mesa tiene bastante veneno: ¿qué hacemos cuando apagar la pantalla no pone fin a la pesadilla?

SINOPSIS

El argumento sigue a un hombre que intenta abandonar una droga de realidad virtual analógica llamada FaceTape. Sin embargo, al dejarla descubre que su vida fuera de la adicción está lejos de ser estable.

TRAILER